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Soy Voyerista

Tiempo sin usar la palabra como un ritual, sin hacer de cada palabra un festín, y justo me encuentro con una especie de epifanía, un detonante que me invita a regresar a este rincón que es solo para mi. Me encuentro ahí viéndome a mi misma sintiendo un placer hasta ahora desconocido, complaciéndome en un especie de acto secreto con un video de... cómo hacer postres horneados, -sí, postres...postres que nunca prepararé- me digo a mi misma. Video que decidí mezclar con un relato de Jaime Espinal (antes un escritor desconocido, hoy el detonante de esta especie de monólogo mental sin sentido) Y de repente pienso en que dentro de mi hay un gusto genuino por observar, un gusto además inconsciente. Descubro que me desborda de placer entrar a una librería y ver libros que en la mayoría de casos no compraré, sentir su olor, leer el resumen que está en la carátula, tocarlos, pero no comprarlos. Mis pupilas se dilatan viendo en una papelería un sin fin de colores, marcadores, cl...
Me desvela el sonido vibrante de tu piel...

Recuerdos sin domesticar

No seremos más que un recuerdo sin domesticar de esos que aparecen sin ser llamados y se ocultan cuando son necesarios. Vagaremos por los días con anhelos, con enigmas, con sortilegios, con la suerte del reencuentro y la esperanza de un quizá.

SENSACIONES

I. ENSUEÑO   Los ojos rebosan de plumas cansadas  y yo voy dilatándome  cual la niebla olorosa se dilata en la sombra.   Los caminos se están diluyendo en los parques  y una acequia está quieta.  Yo no sé si es que parto o que llego  si es que hablo o que callo.   En las puertas distantes y opacas   los amigos de antaño  se están envolviendo en la tenue penumbra de las plumas que llueven.  Hay paisajes de bronce en los charcos  y en los acantilados suenan rondas de niños de palo  y de niñas de mármol.   Caminando por las avenidas y llanos  yo dejé mis recuerdos guardados  en los charcos de bronce.   Me quedé con la risa brincando  en la lágrima helada  mientras cruzan la tenue penumbra  los amigos de antaño.   Entretanto le busco el manubrio  a mi bicicleta  que da volteretas de cien p...

Divagaciones sobre el Tiempo

El personaje oculto tras el reloj, ese actor omnipresente en las novelas, las canciones, los aeropuertos tan apreciado y odiado, tan presente y ausente a la vez. Lo he visto en estos días devorarse un mueble viejo en la calle de mi casa, lo encontré en los asientos de un hospital esperando la vida y la muerte, o siendo la vida y la muerte también. Camina entre el compás de una canción, se refugia en los días llamándolas horas, minutos, segundos, por él caen las hojas en el otoño, y envejece el cuerpo. El tiempo, ese que parece ser prisionero del reloj, ese personaje silencioso que a veces juega a ser enfermero de las heridas del alma, ese que juega a ser dios recordándonos cada día con su tic tac que solo él puede ser inmortal, que aunque mueran sus minutos y segundos, sigue intacto, implacable, presente en estás palabras que necesitan de tiempo para ser leídas, que fueron tiempo pasado al ser escrita y que navegarán en el futuro de las palabras perdidas.

Asaltando el Tiempo

Quizás pude guardar el recuerdo de lo que fue, pude asaltar el tiempo y en un baúl con llave, como quien guarda un regalo, embalsamar el recuerdo, hacerlo divino, impedir que las arrugas de los años achacaran su imagen, evitar que el polvo acabara dañando esa foto que la memoria tomó para mi. Quizás si no fuera tan inoportuna, asaltando el tiempo con la ansiedad del reencuentro, quizás y solo quizás pude simplemente soltar y dejar ir y que el baúl no existiera, y que la llave fuera una jaula abierta  lo divino, el dejarme llevar por ese hermoso sentimiento el amar de verdad el que aún escucha colores en los sonidos el que hace lo imposible posible el que hace mágico la aburrida rutina. Devuelvo al tiempo su labor, dejar morir los deseos en ese tabaco que es el amor.

El gato y la luna

El gato espera la noche, mueve su cola de un lado al otro, inquieto, presintiéndola, y en cuanto la luna llena brilla en las calles, dejando sombras al pasar, el gato se escabulle por el tejado. La luna, como una madeja de plata redonda y brillante presiente sus pasos felinos le lanza un hilo plateado desde arriba y él juega hasta el amanecer con su cómplice diosa de la noche.