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Divagaciones sobre el Tiempo

El personaje oculto tras el reloj, ese actor omnipresente en las novelas, las canciones, los aeropuertos tan apreciado y odiado, tan presente y ausente a la vez. Lo he visto en estos días devorarse un mueble viejo en la calle de mi casa, lo encontré en los asientos de un hospital esperando la vida y la muerte, o siendo la vida y la muerte también. Camina entre el compás de una canción, se refugia en los días llamándolas horas, minutos, segundos, por él caen las hojas en el otoño, y envejece el cuerpo. El tiempo, ese que parece ser prisionero del reloj, ese personaje silencioso que a veces juega a ser enfermero de las heridas del alma, ese que juega a ser dios recordándonos cada día con su tic tac que solo él puede ser inmortal, que aunque mueran sus minutos y segundos, sigue intacto, implacable, presente en estás palabras que necesitan de tiempo para ser leídas, que fueron tiempo pasado al ser escrita y que navegarán en el futuro de las palabras perdidas.

Asaltando el Tiempo

Quizás pude guardar el recuerdo de lo que fue, pude asaltar el tiempo y en un baúl con llave, como quien guarda un regalo, embalsamar el recuerdo, hacerlo divino, impedir que las arrugas de los años achacaran su imagen, evitar que el polvo acabara dañando esa foto que la memoria tomó para mi. Quizás si no fuera tan inoportuna, asaltando el tiempo con la ansiedad del reencuentro, quizás y solo quizás pude simplemente soltar y dejar ir y que el baúl no existiera, y que la llave fuera una jaula abierta  lo divino, el dejarme llevar por ese hermoso sentimiento el amar de verdad el que aún escucha colores en los sonidos el que hace lo imposible posible el que hace mágico la aburrida rutina. Devuelvo al tiempo su labor, dejar morir los deseos en ese tabaco que es el amor.

El gato y la luna

El gato espera la noche, mueve su cola de un lado al otro, inquieto, presintiéndola, y en cuanto la luna llena brilla en las calles, dejando sombras al pasar, el gato se escabulle por el tejado. La luna, como una madeja de plata redonda y brillante presiente sus pasos felinos le lanza un hilo plateado desde arriba y él juega hasta el amanecer con su cómplice diosa de la noche.  

Se pierde

Mis aretes siempre quieren perderse en tu casa, se esconden en los cojines de tu sala, se esconden tras las copas vacías que posan desnudas en la alfombra, mis aretes quieren quedarse ahí, como buscando quedarse con algo de ti. Son como mi corazón que a veces quisiera perderse en el tuyo, esconderse en algún ventrículo, quedarse ahí, escuchando tus 60 latidos por minuto y de vez en cuando, sentir que se altera porque advierte mi presencia en él.

Lunes | 7: 00 pm

Desde arriba, entrando a Bogotá por la Calera, la gran arteria roja y sus pequeñas venas se ven brillar. Una nube gris se extiende por todo el paisaje urbano y las luces de la ciudad empiezan a advertir un vertiginoso encuentro con el vaivén de sórdidos y agudos sonidos que habitan como fantasmas en la capital. Cada vez más cerca se pueden sentir los pasos de los que transitan la urbe, que como un batallón al unísono marchan, su rostro ha tomado un color grisáceo, propio del que está sumido en el narcotizante afán citadino. Sus ojos están fijos en un punto (una línea imaginaria se dibuja en las calles) puede que hayan perdido su brillo, algunos, cansados de los afanes de la ciudad, solo se pierden entre el ir y venir de buses, personas, luces de semáforos y lluvia. Al llegar a la ciudad, un bus de transporte público se detiene violentamente para recoger un usuario que con impaciencia y un poco de desolación espera poder llegar a casa. …, como todo un acróbata de calle, se mantiene ...

Mirar atrás

Cuando visitas este rinconcito de mi alma Pienso en que estás melancólico, un poco solo, tal vez loco, tratando de recordar quién eras,  de vez en cuando mirando atrás.

Mudarse

De nuevo, empacar el corazón en la valija, recoger los pedazos de recuerdos, escoger un par de hojas escritas y de nuevo dejarlas sin destinatario.. Mudarse de piel, empacar los aromas y devolverlos a sus antiguos hábitos, volver a la casa vieja, solitaria, ese cuerpo sin amor y de-construirse de nuevo, sólo, caminar sólo. Encontrar nuevos mares y restablecer las velas de este barco, un barco de madera añeja, de velas rotas, de olores difusos, de vapores de licor y palabra. Un barco que perdió su brújula en alguna aventura, en ese misterioso camino que es el amor.